lunes, 4 de junio de 2007

La oratoria era clave en la politica de Grecia y de Roma


-¿Qué uso político se daba en Roma a la oratoria?

-La palabra, en Roma, estaba monopolizada por la aristocracia. Roma no era una democracia tal como hoy la entendemos, era una aristocracia. Los esclavos eran objetos y las mujeres no tenían ningún derecho. En el mundo antiguo, a más democracia, más esclavos, algo que puede aplicarse al mundo actual: cuanto más se explota al Tercer Mundo, más riqueza para el Primero. La plebe estaba en una situación inferior social, económica y políticamente.

-¿Desde qué posición se dirigía el orador a la asamblea?

-El orador siempre hablaba desde una situación superior, porque tenía «auctoritas», pertenecía a una gran familia, de las que siempre habían gobernado.

-¿Aprender a hablar en público era una obligación?

-La oratoria era la puesta en práctica de la retórica, que enseñaba -sólo a los aristócratas- a hablar en público, cómo empezar el discurso, como construirlo... Realizaban viajes de estudios a Grecia, que eran como un «máster» de la actualidad. Viajaban a Grecia igual que los norteamericanos viajaban a Inglaterra en el XIX. Cicerón viajó a Grecia y también Marco Antonio, para completar su formación. Roma era la gran potencia, y Grecia era la potencia cultural.

-Roma y Grecia. ¿Cunas de la democracia?

-Roma no era una democracia. Había elementos democráticos, pero las asambleas estaban controladas por la aristocracia. Compararlo con una democracia moderna es un error. La democracia ateniense tenían un nivel de participación mucho mayor que la romana.

-¿Los candidatos utilizaban recursos similares a los que se utilizan hoy en día?

-Hoy los políticos han perdido la capacidad de oratoria. En Roma se vivía cara a cara, era necesario que los candidatos se hicieran visibles y las campañas electorales no se hacían a base de mítines. Consistían en bajar al foro a estrechar manos y besar a niños. Existía un personaje muy codiciado, el nomenclátor, que era un esclavo o liberto que conocía a todos los romanos importantes. El candidato bajaba al foro con una toga blanqueada para llamar más la atención y el nomenclátor le iba diciendo: «Ése es tal y cual, y su mujer acaba de dar a luz...». Era un tío bien enterado, un esclavo que se compraba y se vendía, que le permitía acceder a los votos de esas personas.

-La elección era cuestión de imagen y de buen trato.

-Como ahora. Los políticos cada vez exponen menos argumentos y se preocupan más de su imagen. La elección era más bien una cuestión de fe, de lealtades. No se prometía nada ni había diferencias ideológicas. Más bien parece que era una cuestión personal. Lo que sí era frecuente eran las campañas de desprestigio, en contra de algún adversario.

-Entonces los apoyos a uno u otro candidato era casi inamovibles.

-Ahora parece más fácil crear un estado de opinión, pero también es cierto que todos estamos convencidos de antemano de muchas cosas. No escuchamos otras opiniones, ni queremos hacerlo. El que oye la Ser no escucha la Cope, y al revés; y el que lee un periódico no suele comprar otro.

-¿Qué opina de la oratoria política actual?

-En una asamblea romana el orador asumía toda la responsabilidad, ahora el partido transmite por ti el mensaje, en una valla o en cualquier otro soporte. Antes de la guerra civil había mejores oradores. Castelar o Sagasta, ésos sí eran oradores. A ninguno de ellos se le ocurriría leer un discurso, como hacen hoy los políticos en actos públicos, pero el caso es que en la actualidad la oratoria no se valora, hay otras formas de difundir el mensaje. Aquellos discursos nos parecerían hoy ridículos y pomposos.

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